PRIMER BORRADOR

Calles y paredes nos cuentan: Violencia inter-ciudadana e inseguridad en la construcción territorial de la Región Metropolitana de Cochabamba[1]

 

Alejandra Ramírez S.[2]

CESU-UMSS

Uno de los principales problemas del crecimiento de las áreas urbanas en América Latina, particularmente en la conformación de las denominadas regiones metropolitanas, está vinculado a las crecientes y diversas formas de  violencias y de inseguridad ciudadana que se dan en esos espacios. Es por eso que esta problemática es considerada como una principal variable a ser tomada en cuenta  en la gestión pública de estas construcciones territoriales. Así está estipulado en las diferentes reglamentaciones latinoamericanas sobre las gestiones territoriales a nivel de las  metrópolis[3], traduciéndose a su vez en políticas que, bajo la premisa de que la seguridad es un derecho ciudadano, se están empezando a delinear.

En el caso de la Región Metropolitana de Cochabamba (RMC), ocurre lo mismo en otras metrópolis latinoamericanas, con la salvedad de que se trata de una metrópolis construida desde abajo, desde la acción –conflictiva y en muchos casos violenta[4]– de los agentes sociales[5]. En esta región, indudablemente los hechos de inseguridad ciudadana se han ido  incrementado: lo muestran los datos oficiales y lo reflejan las percepciones y los miedos que los ciudadanos que habitan este espacio tienen, frente a lo cual las políticas públicas, haciendo lecturas unilineales y unidimensionales de la problemática, han empezado a apostar al control, la represión (“mano dura”) y la punición, reproduciendo de cierta forma la línea neoliberal –a su vez violenta- de “tolerancia 0”.

Estas medidas, como muchos analistas argumentan (Ver Kardsetd y Eisner 2009;  Wacquant, 2014. Roncken, Theo; Chacin, Joaquin, 2014; Córdova Eguivar, Eduardo, 2015, entre otros), no sólo producen en la práctica la privatización de derechos civiles y la mercantilización de la seguridad sin lograr resolver el problema de inseguridad en sí, pero también, acrecientan, paradójicamente, lo que aquí vamos a denominar las violencias inter-ciudadanas.  Así, se está creando una suerte de círculo vicioso entre violencias, inseguridad y políticas públicas de seguridad ciudadana que están impactando en la misma construcción del territorio metropolitano. Y ello  se manifiesta en las formas que adquiere la fisionomía física del territorio: las paredes, las calles, las formas de los barrios y las interacciones inter-ciudadanas visibles en ellas nos hablan de ello.

En esta línea, en una mesa sobre Orden y desorden del territorio: miradas desde la investigación en ciencias sociales bolivianas”, creo pertinente abordar esta relación existente entre inseguridad-violencia inter-ciudadana y construcción física del territorio en el caso de la construcción de una región metropolitana. Concretamente, la ponencia tiene como objetivo mostrar las complejas dimensiones que hacen a esta relación triangular (“inseguridad [y políticas afines] – violencia – territorio”), visibilizando cómo el lazo existente entre violencias e inseguridad ciudadana se refleja en la misma construcción física del territorio. La hipótesis de partida es las calles, las paredes, las organizaciones físicas –visibles- del territorio se presentan  como una suerte de distintos relatos/narrativas de la problemática y que, por lo tanto, pueden ser tomadas en cuenta metodológicamente, aportando con nuevos parámetros para explicar la relación investigada.

Para demostrar la hipótesis, dividimos la ponencia en tres partes. La primera se divide en dos puntos; en el primero se muestra la perspectiva teórica conceptual privilegiada para comprender la relación entre violencia-inseguridad (y respectivas políticas públicas) y construcción territorial y en el segundo, se dan algunos datos sobre ello. En la segunda parte, se ejemplifica ese lazo a partir del estudio de cómo se manifiestan -–en las paredes, en las calles, en la infraestructura visible- tanto los hechos de inseguridad ciudadana –como la población los vive y los percibe- como las distintas formas de violencias inter-ciudadanas en la RMC. Terminamos presentando los nuevos indicios que surgen de la metodología visual para complejizar la mirada sobre la relación triangular analizada.

Vale la pena, antes de iniciar con las distintas partes de la ponencia, aclarar que toda la información de trabajo de campo en la que se respalda esta ponencia, son recuperadas del Proyecto “Factores que explican la violencia en su dimensión social” (y del proyecto que lo antecede)[6], principalmente los datos de la Encuesta sobre Violencia e inseguridad ciudadana en la RMC (2015)[7]; la recopilación visual y algunas entrevistas realizadas entre el 2014 y el 2017 sobre el tema.

1        Perspectiva privilegiada para comprender la relación violencia inter-ciudadana, inseguridad y construcción territorial

Sostengo como punto de partida para presentar la perspectiva de análisis que estoy privilegiando en esta ponencia, que existe una relación triangular[8] entre inseguridad ciudadana, violencia inter-ciudadana y construcción territorial de la RMC. Tal como ésta se está construyendo, parecen ser tres facetas que acompañan –en realidad motorizan- un mismo proceso. Vale la pena entonces,  mostrar cómo estamos comprendiendo cada una de los segmentos/vértices del triángulo.

Inseguridad ciudadana (y consecuentes políticas
públicas)

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Construcción territorial

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Violencia inter-ciudadana

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1.1.           Perspectiva teórica privilegiada

Una primera idea básica al respecto es hablar de inseguridad y de violencia inter-ciudadana, es habar de dos caras de una problemática absolutamente inter-relacionada. Ambos conceptos, si bien distinguibles, se explican mutuamente. Concretamente, cuando hablamos de violencia nos referimos a una relación social particular que “surge de intereses y poderes que no encuentran otras soluciones que la fuerza  […] un nivel de conflicto que no puede procesarse dentro de la institucionalidad vigente” (Carrión 2004: 60).  Específicamente lo que aquí se denomina violencia inter-ciudadana incluye a, desde las acciones destructivas intencionales utilizadas para conseguir ciertos fines concretos; hasta las diversas formas de rupturas en la convivencia social armónica, no necesariamente sancionables por ley, pasando por actitudes emocionales que surgen como respuestas impulsivas frente algún tipo de acción que se considera agresiva[9]. En todos los casos, lo que va a ser comprendido como violencia  depende de los códigos morales y paisajes de sentidos de violencia que poseen los miembros de una sociedad[10].  Por su parte el concepto de inseguridad ciudadana será entendido como los “fenómenos delictivos y de violencia [que redundan en] la fractura de las sociedades y el deterioro del tejido social” (Palacios y Sierra 2014: 60). Así, la inseguridad ciudadana comprende la dimensión delictiva (y por lo tanto sancionada por normas y reglas) de la violencia social.

¿Cómo ello se relaciona con la construcción del territorio? Como ocurre en muchas otras regiones metropolitanas, la misma construcción del territorio es, y ha sido violenta e insegura. De hecho, gran parte de los ahora vecindarios son producto de asentamientos ilegales, peleas por conseguir desde papeles hasta servicios básicos, luchas por, a partir de la consolidación de “sus vecindarios”, establecer diferencias frente a los otros. Un ejemplo concreto al respecto, es la violencia ciudadana que marca los límites territoriales de un barrio al, ya sea contratar guardias, poner rejas o anuncios de intimidación para el ingreso, es decir a partir de acciones de violencia inter-ciudadana donde se impide la circulación de otros “extraños” a través de sus barrios. La excusa para ello es por lo general la inseguridad ciudadana, el miedo al otro, pero también la consolidación de un “nosotros” colectivo, territorialmente establecido. En este sentido, la consolidación de barrios, su encierro y protección, vendría a ser, una suerte de “activación de divisorias” entre un nosotros (los del barrio, territorialmente consolidados) y ellos (a los que se busca prohibir, o en todo caso controlar, el ingreso al barrio)[11]. Así la constitución del territorio a partir de los barrios, sería un acto perpetuado a partir del ejercicio de una violencia inter-ciudadana teniendo como trasfondo la inseguridad ciudadana. Un acto de violencia que se marca (también se ancla) en el territorio en su configuración y


en su estética[12].

 

Concretamente ¿Cuáles serían los puntos de enlace entre los diferentes vértices del triángulo?  (a) Se alimentan mutuamente: a mayor inseguridad ciudadana, mayor violencia social inter-ciudadana: la gente responde con violencia a los hechos de inseguridad pero también al miedo que éstos despiertan y, en ambos casos, lo que se vive son rupturas en las interrelaciones sociales ciudadanas que se marcan –quedan inscritas y narradas- en la infraestructura física del territorio.  (b) la inseguridad también conlleva políticas públicas de control y  punición dando protagonismo central a la policía[13]. Ello está a su vez acarreando diferentes tipos de reacciones violentas: por un lado, una actitud autoritaria abusiva por parte de la policía[14], que no sólo vulnera derechos ciudadanos[15] sino que  a su vez genera mayor  violencia –reactiva- ciudadana[16] y también, inter-ciudadana[17]. Todo ello queda a su vez inscrito en el territorio, marcando la forma en que éste se va consolidando (multiplicación cámaras e instrumentos de control. módulos policiales, presupuesto destinado a gasolina en vez de resolver otras necesidades ciudadanas, destrucción de áreas verdes o espacios de recreación para ubicar espacios de control y punición,  etc.[18]). (c) Los tres fenómenos (violencia interciudadana, inseguridad (y consecuente política pública) y construcción territorial) no pueden ser explicados por perspectivas lineales y unidimensionales y por lo tanto, tampoco puedes ser solamente aprehendidos por técnicas empíricas cuantitativas (como las encuestas, aunque éstas también, como veremos sirven para visibilizar sus relaciones) o cualitativas tradicionales (como las entrevistas); es, además, necesario utilizar técnicas que permitan visualizar (de ahí la recuperación de las marcas físicas en las paredes y las calles) los anclajes de las interrelaciones. Por último (d) En los tres casos, las dinámicas de inter-relacionamiento son las que van ir marcando la constitución –de orden, desorden, armonía y/o caos- de la región y, por ende, deberían servir de base para definir los desafíos de la gestión territorial metropolitana.

1.2.          Una primera aproximación a las inter-relaciones entre los tres vértices desde los datos empíricos

¿Qué nos dicen los datos empíricos cuantitativos sobre las relaciones de los vértices del triángulo en la RMC?

Es un hecho que la inseguridad  ciudadana se ha incrementado en los últimos años. Los pocos datos empíricos que se pueden conseguir[19], muestran un incremento de los hechos de inseguridad en todos sus indicadores. Dividiendo por delitos, según lo registrado por el Observatorio Nacional de Seguridad Ciudadana (ONSC 2014), la violencia intrafamiliar es el delito más denunciado en la región (en promedio representa el 59% del total de casos denunciados entre el 2005 y el 2013), seguido por las denuncias de robos y robos agravados y la estafa y estelionato. Otra forma de inseguridad que ha empezado a incrementarse en los últimos años es el crimen organizado (incluye secuestro, extorsión, organización criminal nacional, asociación delictuosa), aunque con tasas menores a Santa Cruz (donde el problema es el más álgido del país).

La tendencia es similar en la Región Metropolitana de Cochabamba, en la que, según los datos manejados por la FELCC (2015), todas las formas de delito se habían incrementado, tal como se observa en el Gráfico N° 1.

Gráfico N°1

*Los datos presentados para el 2015, en el momento de recoger la información eran todavía preliminares.

Comparando por Provincias de la RMC (ver Gráfico N°2), el mayor número de denuncias tiene que ver con Delitos contra la integridad personal[20] y contra la propiedad; también destacan los casos de delitos contra la libertad sexual.  Si bien en datos, la provincia Cercado aparece como una de las más perjudicadas, ello también se explica por la cantidad de población que habita en ese territorio, así como por el mayor acceso a las instancias de la FELCC.

 

Gráfico N° 2

Ahora bien, frente a esos datos, ¿Cómo la gente percibe y vive la problemática en su cotidianidad? Haciendo un resumen de las respuestas de la población en una Encuesta  sobre violencia e inseguridad ciudadana[21], se observa que cerca del 40% de las familias entre las que se ha levantado la información, ha sufrido un hecho de inseguridad (sumando hechos sufridos por el entrevistado y/o por los miembros de sus familias) y el 53% de las personas conocen algún hecho ocurrido en su barrio.  Es decir, en una muestra relativamente pequeña, casi la mitad de la población ha experimentado algún hecho de inseguridad; generalmente se trata de robos, pero llama la atención, en el caso de las experiencias familiares, la incidencia de las agresiones físicas y los asaltos y, en los barrios, el problema de las  peleas callejeras.

Ahora, si bien es cierto que hay un incremento de hechos de inseguridad, también es claro que la percepción de inseguridad es mayor a la que podrían sugerir los hechos de inseguridad. Es decir, a la pregunta acerca de si hay coincidencia entre los datos de inseguridad y la percepción de inseguridad (el miedo), los datos obtenidos en la Encuesta sobre Violencia e inseguridad ciudadana levantada el 2015, muestra que la coincidencia es muy baja (Ver Gráfico N° 3): la percepción de inseguridad, es decir el miedo, se debe más a lo que se escucha que a lo que se vive[22]. Así, es más la percepción (que genera miedo) más que los hechos de inseguridad en sí,  la que, en muchos casos, determina las formas en que se van organizando los barrios y por ende las fisionomías y dinámicas de configuración que adquieren l-os territorios a niveles locales, así como las formas en que la gente vive y disfruta la ciudad; es decir, la forma que ocupa las calles, los espacios abiertos, las plazas etc. y que, obviamente, a la vez, repercute en las formas que adquiere el territorio.

Gráfico N° 3

Al respecto resulta interesante ver que los espacios que más inseguridad y miedo generan entre la gente son: las plazuelas y puentes (72% de los entrevistados mencionaron sentir inseguridad, cuando, por ejemplo tienen que cruzar los puentes); los lotes baldíos (72%) y los mercados (56%) (Ver Gráfico N° 4). Ello provoca que 38% de la gente deje de circular por esos espacios y 23% declara no dejar de circular solo porque lo tiene que obligatoriamente hacer –si tuviesen alternativa, dejarían de hacerlo. En este sentido, la proliferación de supermercados –que poco a poco remplazan el uso de los antiguos mercados tradicionales-, los parques cerrados –o su consecuente remplazo por infraestructura física vinculada al cemento –muchas veces módulos policiales- etc. que están configurando la fisionomía de la ciudad, tiene también que ver  con estos miedos e inseguridades que marcan la vida cotidiana de las personas[23].

Por último llama la atención el hecho de que 65% de la población se sienta inseguro en el transporte público (57% en los taxis, 20% en los micros y 11% en los trufis). Habría que ver algún rato, si la proliferación nociva del parque automotor en la región, no está de alguna manera vinculado a este sentimiento de inseguridad (además de la ineficiencia del servicio).

Son estas sensaciones de inseguridad las que también van a avalar la puesta en práctica de políticas públicas de índole represiva. No es gratuito que en su discurso durante la inauguración de la VI Cumbre Nacional de Seguridad Ciudadana[24]  el presidente Morales declare: “Algunas madres  plantean cómo hacer y tal vez en su imaginación queda como un toque de queda, no siempre al estilo militar, pero alguna medida, eso pasa por la responsabilidad de las Alcaldías, de la Gobernación del Gobierno nacional, habría que empezar a practicar y debatir estos temas que se presentan […] [aunque para ello] siento que la democracia tiene algunas desventajas” (en El Día, 12 de abril 2006). Esta cita muestra de manera clara este vínculo existente entre inseguridad, violencia inter-ciudadana y gestión de la circulación de la gente por el territorio (“toque de queda”) y por ende con modelos democráticos que se pueden establecer en un espacio determinado.

Gráfico N° 4

Es que esta concepción de inseguridad, está, como se mencionaba anteriormente, estrechamente vinculada con prácticas (o tendencias en las mismas) de violencia inter-ciudadana.  De hecho ésta se ha incrementado –según una revisión hemerográfica realizada entre 1950 y 2014[25]– de manera acelerada desde la década de los 90’s y sobre todo desde el nuevo milenio (Ver Gráfico N° 5). Adquiere diferentes matices que van desde estrategias ciudadanas violentas (tomas de tierras ilegales, conflictos en torno a las mismas, bloqueos y manifestaciones por demandas ciudadanas con agresiones entre ciudadanos –chicotazos, pinchazos de llanta, etc.- y peleas físicas entre ciudadanos) hasta, su máxima expresión, linchamientos, pasando también por violencias ciudadanas contra el medio ambiente, visibles en: incendios provocados, destrozo de área verdes, mal manejo de la basura, quemas de llantas, contaminación ambiental por mal estado de vehículos o por trabajo de ladrilleras, etc., es decir, todos ellos elementos que repercuten en el desorden territorial.

Por lo general detrás de estas acciones, está la idea de la seguridad (en términos de combate a la delincuencia o de acceso a derechos ciudadanos) de un nosotros (el colectivo que se moviliza) frente a los otros (diferenciados sin importar quienes son).

Ello se visibiliza aún más, cuando se observan las estrategias que las personas entrevistadas en la Encuesta utilizan para hacer frente a la inseguridad y el nivel de aprobación que manifiestan hacia respuestas violentas frente a la problemática. En el primer caso, hay que destacar la prioridad que los residentes de la RMC dan a la organización colectiva de base para hacer frente a la inseguridad[26]. A partir de ésta, los vecinos van asumiendo diversas acciones frente al problema que incluyen desde utilizar instrumentos de alerta hasta colgar carteles con amenazas a los “delincuentes” o muñecos ahorcados[27]. En general, muchos de los mecanismos desplegados por las organizaciones comunales violan derechos individuales de otros ciudadanos, como los de circular libremente –y sin peligro- por las diferentes zonas de la región, creando mini-territorios cerrados, en muchos casos con sus propias lógicas societales[28] -que incluyen normas, instituciones y reglas, algunas veces en pugna con las del funcionamiento de la sociedad en su conjunto- en el marco de territorios más grandes. Ello, obviamente tiene consecuencias en cuanto a la gestión territorial se refiere. ¿Cómo gestionar una región como conjunto, cuando su mismo funcionamiento es aislado y fragmentado? De hecho, unos de los problemas de la gestión de agua, alcantarillas etc. tiene que ver con este funcionamiento fragmentado de, por ejemplo, las OTB’s[29]

Otro indicador para comprender la violencia inter-ciudadana está relacionado con los niveles de aprobación en la población de actitudes violentas. El hecho de que, según los datos registrados en la encuesta realizada, casi la mitad de la población (44%) esté de acuerdo con el linchamiento, 57% con la pena de muerte, 60% con prohibir la entrada al barrio a personas extrañas y 77% con la castración es un indicio de las tendencias mencionadas.

Nuevamente, la coincidencia directa entre aprobar estas actitudes con el hecho de haber sufrido hechos de violencia es demasiado baja; lo que nos lleva a plantear que la aprobación y desaprobación de las actitudes violentas no necesariamente está vinculada con haber vivido o no hechos de inseguridad, sino por un lado,  con ciertas características grupales e individuales[30]; y con el predominio de una visión de supremacía de lo colectivo sobre lo individual. De hecho, cuando se cruza cohesión grupal (medible a partir de la pregunta si existe mayor relacionamiento barrial a raíz de la inseguridad) con aprobación de actitudes violentas, se observa una estrecha relación (Ver Cuadro N° 1).

Cuadro N° 1

Estos datos nos llevan a plantear que no sólo estamos viviendo un período de aumento en la inseguridad ciudadana, sino, sobre todo una crisis en la convivencia cotidiana de los que habitamos esta región, y ello se refleja en las paredes y las calles, que son las que, muchas veces nos narran, las violencias e inseguridades.

2. Calles y paredes nos cuentan….

Hasta ahora los datos nos están mostrando que gran parte de los ordenamientos de los barrios y formas de circulación de la gente por el territorio (con todas las consecuencias muchas veces nocivas que ello implica)[31] está, en algún grado forma vinculado, a las percepciones e imaginarios de inseguridad que se traducen en formas violentas de inter-relacionamiento inter-ciudadano. Esta hipótesis, que hasta hemos ido validando a partir de técnicas cuantitativas, también puede ser enriquecida por otras entradas que den cuenta de las emociones, lo intangible, los odios y rencores[32], los miedos, etc. de la gente que habita y construye este territorio; es decir, lo que Arteaga y otros (2014) llaman “paisajes de sentido de violencia”.  Concretamente, para estos autores “la acción violenta no puede deducirse de la mera reacción de los sujetos a una situación, sino que debe ser entendida como un hecho social dotado de sentido que apunta a ciertas redes de códigos en contextos que permiten su expansión y, por ende, su reproducción, pero sobre todo que hablan de la constitución de valores propicios a la violencia” (2014: 37) Y, por lo tanto, hay que desarrollar técnicas que permita aprehender estos paisajes de sentido.

En este sentido una técnica que ha empezado a ser difundida  en los estudios de ciencias sociales  ya desde mediados del siglo XX,  es la recopilación –y por lo tanto construcción– visual de la realidad.  Becker en la década de los setenta, planteaba a la fotografía como una herramienta de exploración de la sociedad al tener una gran potencialidad para, “al congelar imágenes, dejar ver situaciones sociales que con otros instrumentos no podrían ser observada” (En Suarez 2008: 13).  Por su parte Bourdieu en los años ochenta, argumentaba que:

La fotografía cumplía dos funciones: por un lado […] permitía  recordar situaciones y describir escenarios que luego podían tener importancia analítica, y por otro lado [visibilizaba] una forma de mirar [la realidad]. [De ahí que]  el acto de fotografiar ‘es una manifestación de la distancia del observador que registra y que no olvida que está registrando […] , pero supone también una proximidad familiar, atenta y sensible a detalles imperceptibles’ (en Ob.cit: 23)

No obstante, en Bolivia,  como observa Sánchez (2009),  las técnicas visuales han tenido “un uso casi nulo en las investigaciones sociológicas, decorativo en los trabajos historiográficos e ilustrativo en los textos antropológicos”. Tomando en cuenta que “si vivimos en sociedades de conocimiento signadas cada vez más por la visualidad, la incorporación de los documentos visuales como la fotografía, el dibujo, la caricatura, el video y el cine, como  herramientas para el estudio y la representación de la realidad […] es un imperativo” (Ob.cit: 8 ).

Aunque, estamos conscientes de que  el uso de la fotografía incluye varios problemas,  entre ellos el hecho de que “si bien una fotografía es un instante congelado de algún momento no es la realidad misma […] es el fotógrafo quien la construye al decidir qué lente usar, qué encuadre tomar, qué luz escoger, qué instante apretar el botón” (Ramírez, Sánchez 2014:  180) y qué fotografiar. El hecho de recuperar, a partir de lo visual, lo que las calles y paredes de esta ciudad nos cuentan acerca de la violencia y la inseguridad, nos permite visibiliza, sobre todo, los paisajes de sentido que hacen al vínculo básico de nuestro triángulo: es decir, mostrar cómo los puntos de interrelación entre la inseguridad, la violencia inter-ciudadana y la construcción del territorio (su desorden también) quedan plasmados en anclajes específicos, visibles, mostrados, narrados en el territorio de la RMC.

A continuación, mostraremos algunos de estos relatos. Éstos son rescatados del archivo visual del Proyecto “Factores que explican la violencia en su dimensión social”[33] (CEP-CESU-IIHCE-Facultad de Ciencias Jurídica y Acción Andina, 2016-2018).

Si algo nos muestra un recorrido visual por el territorio de la RMC, es que está plagado de narraciones de miedos, inseguridad, violencias y códigos que cada grupo/individuo que habita/construye un determinado territorio tiene. Para mostrar este recorrido, recuperaré el mismo orden utilizado en la presentación conceptual en la primera parte de esta ponencia; es decir, empezaré recuperando relatos visuales respecto a inseguridad (y su relación con las políticas públicas), para posteriormente recuperar narrativas que visibilizan las violencias inter-ciudadanas.

Respecto a la inseguridad ciudadana la misma se refleja en las calles, en los cables, en las paredes, en las rejas de las casas. Desde denuncias de inseguridad (asesinatos no esclarecidos por ejemplo), anuncios de inseguridad (lugares de venta de droga, marcas de robos, graffitis de pugnas pandilleras en las puertas), en muchos casos estrategias para coadyuvar a enfrentar la inseguridad (denuncia de niños perdidos) o, incluso, anuncios sobre estrategias barriales para prevenir la inseguridad, así como críticas a políticas públicas vinculadas a la seguridad.

Denuncias de inseguridad:

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Foto: A. Ramírez                Foto. A. Ramírez        Foto. Daniela Soto

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Foto A. Ramírez

Anuncios de inseguridad

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\"9-10-2015

Foto. E. Tórrez                    Foto. D. Soto                                   Foto: L. Saavedra

Tal vez la imagen que más muestra, anuncia la inseguridad, es la recopilada por Lourdes Saavedra (2015), acerca de los símbolos que los ladrones dibujan en las paredes preparando su acción. Como plantea la autora:

La Fuerzas Especiales de Lucha Contra el Crimen (FELCC) indica que una estrategia de los monrreros es marcar con códigos las paredes de las casas que se van a robar. Descifreando estos signos, la FELCC ha logrado identificar en el Cercado cochabambino, 20 símbolos que son los siguientes:

Ilustración N° 2

Símbolos utilizados para robar casas

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                        (Saavedra 2015: 106)

Fotos: A. Ramírez

Estrategias para enfrentar la inseguridad

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Fotos A. Ramírez

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Fotos. M. C. Torralba

En general lo que tenemos entonces son territorios cerrados (ya sea físicamente: paredes, alambrado, o tunas)

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Fotos M.C. Torralba

Hasta ahora las paredes y calles no están denunciando, anunciando y contando inseguridades. Pero ocurre con los relatos lo mismo que con los datos, estas inseguridades vienen acompañados de narraciones visuales de violencias inter-ciudadanas. Estas se manifiestan en las violencias colectivas que aparecen como activadores de divisorios entre un nosotros y los otros, los que no pertenecen al colectivo.

Y ello se manifiesta en diferentes dimensiones: en los relatos inscritos en paredes, posters y calles que traducen códigos de un “nosotros” que se protege contra los otros considerados por definición –y sin prueba- peligrosos, en las narraciones de ciertos grupos frente a la sociedad, ya sea planteando sus demandas (p.e. transportistas) o denunciando las formas violentas de plantear demandas de otros ciudadanos (p.e. avasalladores de tierras, manejo de basura, etc.); en las acciones violentas de ciertos ciudadanos en sus antipatías, rencores, odios, frente a los otros.

Relatos que muestran la premisa de que “el otro” es, por definición peligroso

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Foto: L. Saavedra                                                   Fotos: M.C. Torralba

Foto R. Tarqui              Foto. E. Tórrez               Fotos. A. Ramírez

Fotos: R. Céspedes. Estas fotos dan cuenta de las amenazas que rigen en un grupo: aquí se prohíbe circular de noche si uno no es del barrio.

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La última imagen refleja bien esa conexión entre violencia inter-ciudadana, inseguridad, y construcción territorial (lote en venta): anunciando las tres ideas a la vez

Narraciones de demandas –violentas- de derechos ciudadanos

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\"LaFotos. E. Tórrez

Dos imágenes cada vez más recurrentes donde se muestra la violencia de algunos sectores al momento de establecer sus demandas: la del sector transportista, y la de los que ya sea chaquean o incendian parques (para diferentes usos). Panorama cada vez más cotidiano en el territorio de la región

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Fotos: A. Ramírez

Narraciones de rencores, antipatías y odios: mensajes

En todo caso, estos mensajes lanzados por la gente, van mostrando también las formas en que las personas van viviendo y construyendo sus territorios.

3.     A manera de conclusión, debates que se abren a partir de los relatos recogidos en las paredes y las calles de la RMC

 

En general, hay varias ideas, que he ido planteando en el transcurso de la ponencia, que creo que, en una mesa de discusión sobre orden y desorden del territorio, pueden ser sometidas al debate. Entre ellas:

–         La construcción del territorio en la RMC es producto de diversa violencias inter-ciudadanas (en sus luchas por tener acceso no sólo a tierra sino también a servicios básicos) y de cómo la gente enfrenta sus miedos ante el incremento de los hechos de inseguridad ciudadana. La consolidación de este territorio es producto de estos procesos conflictivos que se inscriben, se anclan, en la misma fisionomía que va adquiriendo región: su forma, la circulación de la gente en ella,  su estética, etc..

–         Es decir, existe una estrecha relación –que he metaforizada como triangular- entre inseguridad, violencia inter-ciudadana y construcción física del territorio.

–         Esta relación, que es compleja, debe ser re-construida, por un lado, a partir de técnicas tradicionales de investigación –que den cuenta de las tendencias cuantitativas y cualitativas en torno al objeto de estudio- y por otro lado, a partir de nuevas técnicas –como la visual- que nos permitan aprehender los relatos, narrativas, códigos y paisajes culturales que la población tiene sobre esa relación.

–         En general, a partir de todas las técnicas recopiladas planteo que: la percepción de inseguridad –más que los datos (aunque también en éstos se ve un incremento)- es la que activa un proceso de violencia inter-ciudadana, empeorada por la desconfianza que existe ante las entidades oficiales encargadas de la problemática.

–         A la vez,  la tendencia de las políticas públicas sobre seguridad ciudadana, basadas en el control, la punición, la represión, también acentúan la violencia inter-ciudadana.

–         Así, es teniendo como telón de fondo el tema de la inseguridad ciudadana que se activa la violencia inter-ciudadana como una suerte de reforzamiento de un “nosotros”, colectivo, vecinal, que se protege contra unos “otros” por definición considerados peligrosos.

–         De esta manera, los relatos que las paredes y las calles nos cuenta, es de un territorio plagado de paisajes de sentidos, que transmite códigos que a su vez visibilizan la idea de que los otros desconocidos son por lo general sospechosos.

–         A la vez, ello se traduce en la construcción de una región sobre la base de un territorio fragmentado, con pequeñas islas cerradas ya sea físicamente (paredes) o simbólicamente (amenazas). Lo que impide una gestión integral del territorio, tanto en temas básicos (gestión del agua o de alcantarillas, basura) como en temas de gestión del territorio en su conjunto.

En todo caso, no se puede discutir orden y desorden del territorio, sin entrar a debatir este triángulo conformado por la inseguridad-la violencia inter-ciudadana y el territorio de la región.

REFERENCIAS.  

Arteaga Botello, Nelson; Lara Carmona, Vanessa; Niño Martínez, José Javier. 2014. Perspectivas teóricas de la violencia; modelos epistémicos, Seguridad Ciudadana: visiones compartidas (coord. Estrada). México: Instituto de Administración Pública del Estado de México-Universidad Autónoma del Estado de México, 17-43)

Carballo Aviles, Noemi Laura; Mendoza Guzmán, Ana Isabel. 2014. Impactos socio-territoriales de la ubicación de los centros  penitenciarios del eje metropolitano de Kanata en los entornos geográficos. Cochabmaba: Facultad de Arquitectura y Ciencias del Hábitat-UMSS. Tesis de licenciatura.    

Carrión, Fernando. 2004. La inseguridad ciudadana en la comunidad andina, Iconos N° 18. Revista de FLACSO-Ecuador. Quito: FLACSO, 109-121. p. 60

Gamallo, Leandro Anibal. 2015. Los linchamientos en México, Revista Mexicana de Sociología 77, N° 2, (abril-junio); México, pp. 183-213.

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Debuyst, Frederique. 2001. Acteurs, stratégies et logiques d’action, Savoirs et jeux d’acteurs pour les développements durables. Louvain La Neuve: Bruyllant-Academia,

 

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[1] Este trabajo forma parte de la investigación “Factores que fomentan la violencia en su dimensión social” actualmente en curso entre diferentes centros de la Universidad Mayor de San Simón: el Centro de Estudios de Población (CEP); el Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU), el Instituto de Investigaciones de Humanidades y Ciencias de la Educación (IIHCE) la Facultad de Ciencias Jurídicas y Acción Andina (como socio externo).

[2] Responsable del Área de Estudios del Desarrollo del CESU-UMSS.

[3] Ver tesis de doctorado de Marko Quiroga B. (2015).

[4] Traducida en tomas de tierras, peleas por saneamientos de tierras, encuentros violentos en torno al acceso a pozos de agua, etc.

[5] Lo que lleva a algunos autores a plantear con no es una Metrópolis, ya que no cumple con los requisitos mínimos: demográficos y de gestión que esta unidad territorial supone.

[6] Este proyecto es financiado por la Cooperación Sueca de la UMSS (ASDI) mediante la DICyT. En él participamos diferentes Centros de la UMSS: el CESU, CEP, IIHCE y la Facutlad de Derecho, así como, Acción Andina, organización de la sociedad civil. Se presenta como la continuidad del Proyecto “Violencia e inseguridad ciudadana en la Región Metropolitana de Cochabamba” desarrollado entre el 2014 y el 2016.

[7] Encuesta levantada en 1450 hogares de la RMC (Ver Ramírez, Camacho 2016)

[8] Se utiliza, de manera absolutamente arbitraria e intuitiva, una figura geométrica para metaforizar el proceso de construcción de la Región por dos motivos principalmente: por un lado, ello permite dar cuenta de una construcción física territorial, por otro permite mostrar una dinámica a la vez de retroalimentación continua, movible, cuyas oscilaciones van moldeando los resultados.

[9] Estaríamos hablando de acciones donde lo subjetivo juega un papel fundamental (Ver Wievorka, Tilly, Joas en Arteaga y otros 2014).. Este tipo de violencia expresiva o emocional, puede surgir debido a un sentimiento de discriminación, injusticia, rechazo.

[10] Ver Wilkstrom 2009.

[11] Esta idea la retomamos de Gamallo (2015). En este texto, haciendo un análisis el linchamiento, el autor, recuperando a Charles Tilly, plantea que el mismo se instala como un “mecanismo de activación de divisorias, gracias al cual las acciones se orientan a través de una división entre un nosotros, el colectivo que lincha, y un ellos, los linchados”(Ob.Cit.: 196)

[12] Sobre la apropiación del territorio, la producción de códigos urbanos y la las nuevas estéticas de violencia en el territorio, ver Saavedra (2015).

[13] Como se mencionó siguiendo de cierta manera la línea de la policía newyorkina de “tolerancia 0” (Ver Córdova 2015).

[14] En muchos casos debido a que los miembros de esta entidad no conocen, ni están preparados para enfrentar el tipo de inseguridad con la que deben lidiar (un ejemplo concreto es el del asalto a la joyería Eurochronos en Santa Cruz, en la además de tres asaltantes y un policía, murió una de las mujeres rehenes, no estando claro si la mató una bala de la policía o de los asaltantes).

[15] El caso del programa Mochila Segura –en el que policías municipales pueden controlar las mochilas de estudiantes –menores de edad- a la entrada de los colegios-, es un ejemplo de cómo desde políticas públicas se pueden vulnerar derechos ciudadanos –de privacidad por ejemplo-, en este caso de los jóvenes.

[16] Es interesante ver como algunos de los casos de linchamiento –o intento de linchamiento- es en contra de personas representantes de la policía, o, también que 76% de la gente entrevistada en la Encuesta sobre Violencia e inseguridad ciudadana (2015), dice no confiar en la esta entidad, por ser “corrupta”, “ineficiente”, por esta en “combinola con los maleantes” etc. (expresiones recogidas en entrevistas realizadas a dirigentes territoriales durante agosto del 2015).

[17] En un taller realizado en abril del 2015 con dirigentes territoriales, muchos de ellos coincidían en que como la policía nunca venía, ellos procedían a asustar a los que encontraban sospechosos o “llamamos a la policía y les decimos que los vamos a linchar [a los delincuentes], entonces,  recién ellos vienen” (taller con vecinos abril 2015)

[18] Sin mencionar el gran problema que conlleva tener recintos carcelarios (hacinados) en pleno centro de la ciudad (Ver Carballo y Mendoza 2014).

[19] De hecho un verdadero problema de los estudios sobre el tema es la dificultad de encontrar datos empíricos oficiales sobre el tema (Ver al respecto Roncken 2016).

[20] Se refiere a lesiones gravísimas y leves: asaltos con arma blanca, heridas, etc. sin llegar a homicidios.

[21] Encuesta recogida por  el proyecto el 2015, aplicada en una muestra de 1450 hogares de 6 municipios de la Región Metropolitana de Cochabamba (Ver Ramírez y Camacho 2016).

[22] Al respecto ver  análisis de Torralba 2016, quien plantea que en la idea de inseguridad ciudadana es un catalizador a la vez de los miedos como de las acciones  “reñidas con la institucionalidad democrática” que se despliegan para enfrentar los miedos.

[23] De ahí que, como planteaban algunas dirigentes –mujeres- de OTB’s, en unas entrevistas realizadas el 2010: “es mejor tumbar los árboles porque ahí aprovechan los delincuentes para esconderse” (Entrevista a dirigente territorial, 10 de marzo del 2010).

[24] Ciudad de El Alto, 11 de abril 2016.

[25] En el proyecto se realizó una revisión hemerográfica en los principales periódicos locales (El Pueblo, Prensa Libre, Los Tiempos, Opinión y Gente) entre 1950 al 2014. Se recopilaron 19150 fichas sobre el tema de violencias e inseguridad ciudadana.

[26] 67% de la población encuestada declara confiar solamente en la seguridad vecinal, mientras que la mayoría manifiesta una desconfianza absoluta en las entidades públicas existentes para gestionar el problema. En el caso de la policía: 76% de los encuestados desconfían de esta entidad, aunque, paradójicamente, una de las demandas más difundidas de los dirigentes vecinales es disponer de más módulos policiales en sus barrios. Esta paradoja forma parte de los temas que hay que analizar con mayor profundidad hacia el futuro.

[27] Como plantea Gamallo (2015); estos son símbolos marcados en el territorio de que los linchamientos o intentos de linchamientos, si bien son contingentes ya están pre-determinados sobre la base de relaciones sociales previamente constituidas, que son el detonador básico de los actos violentos en sí. Se tata, de “colectivo de personas que coordina sus acciones para hacerle frente a lo que considera un enemigo común” (2015: 196).

[28] Entendiendo lógicas societales, siguiendo a Debuyst (2001) como aquellas lógicas que se refieren al sentido y a la coherencia de la forma de pensar y de actuar de los miembros de una sociedad. Incluyen tres niveles Esas lógicas pueden ser consideradas en tres niveles de globalidad encajadas las unas en las otras: (a)  las lógicas societales en sí, que caracterizan al conjunto de la sociedad (o del grupo en cuestión) y responden al lazo entre una representación cultural de finalidades de esta sociedad y los medios admitidos y utilizados para lograrlos. (b)  Las institucionales que responden a las finalidades y a los intereses funcionales de las instituciones y organizaciones de la sociedad y (c) La de los actores: corresponde a la razón de ser del comportamiento de los actores, colectivos e individuales.

[29] Ver tesis Jeremy… buscar referencias

[30] Por ejemplo distinguiendo estos datos según sexo, nivel de instrucción, adscripción religiosa y auto-identificación étnica, se observa que mayor respaldo hacia las actitudes violentas se da entre las mujeres, las personas con menor nivel educativo formal, las que se adscriben a alguna religión (generalmente católica) y las que se auto-identifican con alguna identidad étnica (Guarani, Quechua y Aymara).

[31] Dejar de gozar de ciertas plazas, proliferación del parque automotor, cambio de parques por infraestructuras de cemento para, entre otros, módulos policiales, etc.

[32] También los amores, aunque este aspecto no lo vamos a trabajar aquí.

[33] Concretamente han sido expuestos en Soto y otros (2016).

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