Uno de los temas que resalta en varias de las actividades y encuentros realizados por la articulación telartes es la necesidad de contar con información y datos más claros que nos permitan construir y diseñar mejor los planes y proyectos que debemos encarar como sector para conseguir ese mejor futuro que anhelamos. El enfatizar la importancia de la investigación es, quizás, algo obvio. No importa de qué área se trate: requerimos de datos, sistematizaciones y análisis que nos ayuden a entender, registrar y traducir lo que sucede en nuestra realidad para poder planificar y plantear acciones con mayor pertinencia.

La producción de investigación en culturas no solo es necesaria sino que, además, es un reto que tiene que responder a la gran diversidad cultural en Bolivia, a temas complejos como la medición de lo intangible y a la generación de indicadores de esta naturaleza que respondan, por ejemplo, a las expresiones culturales que en Bolivia mueven la economía a gran escala, como es el caso de la fiesta. Así mismo, es necesario sistematizar datos de las diferentes actividades artísticas y expresiones culturales, de sus modos de producción y financiamiento, de sus objetivos y resultados para obtener un panorama más claro de lo que se está produciendo en el país, de las áreas que requieren de mayor apoyo, de las innovaciones en temas de economías creativas, de gestión y de producción de tecnologías culturales.

En estos meses en los que los diferentes núcleos locales han encarado el proceso participativo de la construcción de la Ley de Culturas, esta necesidad de datos sistematizados, aglutinados y a disposición ha sido más evidente que nunca: no solo para poder proponer articulados que tengan una fundamentación más sólida sino en la discusión de temas relacionados a esta legislación que tendrán que traducirse luego en otras políticas culturales, en reglamentos y normativas que aseguren el éxito de este proceso de incidencia que recién comienza.

Sería una falacia decir que en el país no se investiga en temáticas culturales. Lo hacen diversos centros y espacios culturales independientes, instituciones dedicadas a la investigación, las bibliotecas de universidades tienen múltiples tesis de diferentes carreras que están enfocadas en procesos culturales, investigan también los organismos de cooperación y los espacios e instituciones estatales, e incluso existen compromisos supraestatales como el SICSUR1. Esta última experiencia puede servir como metáfora y diagnóstico de lo que sucede con los datos culturales en Bolivia: sucede que aún con el compromiso y los convenios firmados, los datos del país, sistematizados en esta plataforma, son pocos o inexistentes. “En América Latina se viene desarrollando un sistema homogéneo, hasta ahora inexistente o precario, que surge de la evolución del Convenio Andrés Bello y que se materializa en el Sistema de Información del Mercosur, SicSur. En Bolivia tenemos graves retrasos en el apartado de datos e indicadores de cultura” (IGLESIAS, 2010: s/p).

La falta de datos sistematizados no es, aunque lo parezca, un indicador de que los avances en múltiples niveles, sean poco relevantes o mínimos. De hecho, en los últimos años hay un cambio de lógicas que se hace visible —por ejemplo— en la articulación de los sectores culturales, en la consolidación de procesos, colectivos y actividades de la sociedad civil; renovaciones en la forma de gestión de entidades estatales, la misma creación del Ministerio de Culturas y Turismo, la apertura de la estructura estatal para el trabajo coordinado con la sociedad civil, o que en el borrador del anteproyecto de Ley de Culturas2 se explicite como un principio que las culturas, para el Estado boliviano, son inversión. Sin embargo, la ausencia de conglomerados de datos sí es una de las variables que ha incidido en una ausencia de políticas culturales estructurales en el país por muchos años: por un lado, los sectores culturales estaban limitados para exigirlas al no contar con datos que le “demuestren” a la estructura estatal la importancia de legislar e invertir en culturas. Por el otro, los equipos legislativos del Estado carecían de información clara que permita plantear políticas pertinentes, inclusivas, abiertas y coherentes con las características y la diversidad cultural del país.

Bajo esta mirada, lo que queda claro es que además de la gran responsabilidad que tiene el Estado para generar, promover y difundir investigaciones en materia cultural, desde la sociedad civil también tenemos que empezar a sistematizar nuestros procesos y ser partícipes de la producción de datos fiables, ya que la construcción —como lo hemos comprobado en estos años de trabajo a través de telartes y la articulación en redes— debe ser conjunta, coordinada y propositiva. Además, la producción de investigaciones y datos desde el Estado y también desde la sociedad civil, así como observatorios, permite que podamos encontrar miradas diferentes y, quizás, complementarias que nos permitirán tener mejores enfoques.

Esto último es de gran importancia, ya que -como advierte Mauricio Delfín en su estudio “Los aparatos de la cultura”- es importante que la sociedad civilgenere “contra-aparatos” de información cultural, produciendo sus propios datos, porque “el origen y mandato detrás de estas construcciones podría determinar la naturaleza de los procesos de subjetivación” (DELFÍN, 2014: 43). Esta mirada implica entender que los sistemas de información cultural generados desde el Estado tienen limitaciones y pueden, muchas veces, convertirse en aparatos de dominación y exclusión a través del enfoque que limita a la cultura y sus procesos en los que “los individuos ‘participen’ en una economía de medios muy específicos: explotación o consumo, pero no a través de la determinación de esta economía y sus objetivos” (DELFÍN, 2014: 24) . Bajo la misma lógica, Delfín apunta:

La economización de la cultura no solamente implica un tipo de lógica para el control y/o la extracción, sino también para la imposición de categorías externas (museo, teatro, etc.) en la apreciación e interpretación de un espacio cultural. La economización implica la construcción de un espacio cognitivo y esta construcción no es democrática. Así como la elaboración de SIC tiende a apoyarse en expertos, el reconocimiento de los recursos culturales es principalmente externo a aquellas personas que habitan espacios culturales específicos (DELFÍN, 2014: 25).

Hasta aquí vemos la importancia vital de generar procesos de investigación cultural tanto desde el Estado como desde la sociedad civil. Sin embargo, no es suficiente con producir datos, sino que es primordial garantizar que la información sea accesible. Esto último implica pensar, al menos, en tres aspectos esenciales:

1) Es necesario trabajar bajo las lógicas de gobierno y datos abiertos. Este es un movimiento consolidado como tendencia a nivel mundial que propone que “todos aquellos datos que poseen o son generados por gobiernos, ciudades, ONG´s, empresas o ciudadanos, sean colocados en formatos abiertos para que cualquier persona desde cualquier parte del mundo pueda consumirlos, utilizarlos, mejorarlos y compartirlos” (MUNICIPIO DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO, 2014: s/p). Como es evidente, acá es necesario cambiar del modelo de gestión de derechos privativos de propiedad intelectual hacia los principios de cultura libre, entendiendo que al compartir las ideas se multiplican, las posibilidades se expanden y los horizontes de construcción común son más favorables.

2) Es necesario digitalizar los archivos, crear repositorios digitales propios además de los que ya están realizando grandes iniciativas. No solo porque debemos adecuarnos a la realidad contemporánea que está inevitablemente mediada por las NTICs y el uso de Internet, sino porque la digitalización tiene como objetivo el “facilitar el acceso a la información y a los contenidos culturales, como parte esencial del derecho de acceso a la cultura de los ciudadanos” (SCANN en ÁRTICA, CENTRO CULTURAL 2.0, 2014: s/p). Con ello, se ayuda a resolver -de alguna manera- problemas complejos como los de la “subrepresentación” de diversos grupos sociales, identidades culturales, pueblos, etc. cuyos conocimientos y producciones culturales han sido invisibilizados en la difusión y circulación en formatos físicos, y están siendo invisibilizados en los formatos digitales. “El problema es que los ‘grandes proyectos’ (de digitalización) representan al 20% del mundo que quedó adentro, y muchos de nosotros estamos en el 80% del mundo que es ‘chico’ y que quedó afuera” (SCANN en ÁRTICA, CENTRO CULTURAL 2.0, 2014: s/p).

3) Repensar las formas de circulación de la información. Aquí es necesario pensar en procesos de comunicación de la investigación y los datos culturales como una forma de asegurar su circulación a todo nivel. Es necesario entender que la comunicación no significa solo difusión o distribución, sino que, entre muchas otras cosas, implica también la generación de múltiples traducciones de datos que permitan que el acceso sea más democrático a través de lo multi: multiescala, multilenguaje, multinivel. En otras palabras, hace falta pensar que no basta con poner a disposición las investigaciones realizadas, sino crear formas diversas y creativas de comunicar esos datos pensando en públicos diferentes, necesidades específicas y una circulación mucho mayor, más inclusiva.

En suma, el gran reto de la investigación -no solo en cultura- tiene que ver más con repensar los modos colaborativos, abiertos, creativos e incluyentes que garanticen la circulación de la múltiple información que ya hemos producido, tanto desde la sociedad civil como de las instituciones y estructuras estatales. Así, podremos poner en juego los datos producidos facilitando procesos tan complejos como la construcción participativa de una Ley de Culturas o las estrategias más pertinentes para potenciar y garantizar sostenibilidad3 de las culturas.

Bibliografía

ÁRTICA, CENTRO CULTURAL 2.0. 2014. “Qué es la digitalización y porqué es tu problema”. En: http://bit.ly/1rsRxEm (Fecha de consulta: 18/09/2014)

DELFÍN, Mauricio. 2013. “Los aparatos de la cultura”. En: http://bit.ly/Z38QRJ (Fecha de consulta: 14/09/2014)

IGLESIAS, Fadrique. 2010. “Política, estadísticas y cultura”. En: http://bit.ly/1oeeING (Fecha de consulta: 12/09/2014)

MUNICIPIO DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO. 2014. “¿Qué son los datos abiertos?” En: http://datosabiertos.quito.gob.ec/ (Fecha de consulta: 12/09/2014)

SICSUR. S/F. “Documentos e investigacones”. En: http://bit.ly/1oeeING (Fecha de consulta: 19/09/2014)

Notas

1 Sistema de Información Cultural del Mercosur disponible en www.sicsur.org

2 http://bit.ly/LEYCULTURAS

3 Pensando la sostenibilidad en un sentido amplio, no solo en la visión de recursos económicos.

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