la_bekka, el espacio hackfeminista de la Escalera Karakola (EKKA), es un espacio donde aprender en común sobre tecnología, cultura libre y feminismos. Se supone que hackerspace es un espacio donde mujeres, bolleras y trans con intereses en tecnología nos juntamos y autoorganizamos para compartir e intercambiar conocimiento y trabajar colaborativamente, haciendo uso del aprendizaje cooperativo y el autoaprendizaje.

El hackerspace de Eskalera Karakola nació en el año 2016 como una proyecto que recogía los intereses de un grupo de activistas interesadas por los asuntos tecnológicos, en especial por las tecnologías de la información y la comunicación. Así, durante su primera etapa estuvo orientado a dar apoyo en temas técnicos a compañeras, o hacer formaciones en privacidad y seguridad digital para activistas feministas. Algunos meses más tarde se iniciaron las reuniones periódicas con el objetivo de construir un espacio cotidiando de aprendizaje, que continuan hasta el día de hoy.

El hecho de que la_bekka sea parte de la EKKA no es menor. La Eskalera Karakola, casa pública transfeminista, “(…) es un centro que alberga diversos proyectos, todos impulsados por un deseo político de compartir espacios y vidas, de pensar mejor, de desafiar y reinventar el mundo desde una mirada feminista”1. Un centro social medular de la historia del activismo feminista de Madrid que le da sentido político más amplio al proyecto del espacio hackfeminista.

Espacios seguros para aprender cómodas

Una de las grandes apuestas del espacio es por crear espacios seguros de aprendizaje. Y creemos que en un campo tan masculinizado como es el de las tecnologías -y de los hacklabs2– una de las maneras de lograrlo es trabajar en espacios no mixtos. La_bekka está abierto a mujeres, bolleras e identidades trans como un intento de abrir espacios en los que nuestra voz valga. Entendemos por espacio seguro aquel que se define por una serie de acuerdos: no se admiten actitudes machistas, racistas, homófobas, transfobia, xenofobia, etc.; respetamos los tiempos, habilidades y conocimientos de cada una de las personas que estamos allí; no juzgamos a las personas por su sistema operativo o por sus prácticas de seguridad digital proponemos; respetar la privacidad de quienes estamos ahí, no sacamos fotos, ni mencionamos a personas concretas en redes sociales sin su consentimiento. Ademas, queríamos añadir un gran componente feminista a este espacio, de la forma más práctica, empoderarnos y tomar las máquinas, y también de forma teórica/reflexiva, generando un discurso crítico y feminista sobre las tecnologías.

Algunos temas que nos interesan son el cacharreo con compus, portátiles, móviles, routers y cacharritos varios; GNU/Linux y software libre; comunicación y redes sociales libres; ciberseguridad y autodefensa digital feminista; privacidad, economía y vigilancia global; reflexiones sobre tecnopolíca, tecnología y género, ciberfeminismos, transhackfeminismo; reciclaje y obsolescencia programada; cultura libre, derechos de autoría, y licencias libres; metodologías de aprendizaje colaborativo, metodología hacklab; La brecha de genero en la tecnologías y herstory; alfabetización digital crítica; soberanía tecnológica; y mucho más.

Los pilares que nos sostienen

Tenemos dos ejes políticos principales que nos atraviesan: el feminismo y el anticapitalismo, en este caso materializado en los principios de soberanía tecnológica. Somos feministas porque reconocemos que la sociedad está organizada en torno a la figura del hombre heterosexual y las relaciones de poder de género oprimen a mujeres, bolleras e identidades trans. Las desigualdades son estrucuturales y violentas. En el ámbito de la tecnología reconocemos que es un sector altamente masculinizado que reproduce las relaciones de poder heteropatriarcales. Las reproduce en la industria, con techo de cristal y acoso; las reproduce en el desarrollo tecnológico: desde la instalación de infraestructura hasta las arquitectura de las plataformas digitales que usamos; las reproduce en las prácticas digitales a través del acoso y la reproducción del privilegio de los saberes en unos pocos.

La soberanía tecnológica, por otro lado, es un concepto complejo –el feminismo también, ojo, no decimos lo contrario– en referencia a nuestra relación con las tecnologías. Se trata, en definitiva, del derecho de cada comunidad de tomar las decisiones soberanas sobre las tecnologías que usa y produce. Algunas hablan de soberanía, otras de autonomía, otras de libertad. Nosotras entendemos que es la consencuencia de tener una mirada crítica sobre la tecnología y desvelar las relaciones de poder intrínsecas en ellas. Preguntarse por qué cuando compras una computadora no podés elegir el sistema operativo; preguntarse por qué las redes sociales privativas se han vuelto plataformas misóginas que habilitan la violencia machista en línea; preguntarse por qué nos borran y denuncian contenidos feministas; preguntarse a quién afecta la explotación de minerales que se usan en los dispositivos electŕonicos; preguntarse quiénes son las personas que están soldando componentes electrónicos y en qué condiciones. Preguntarse por qué todos los gurúes que están prediciendo y dando forma al futuro en el que vamos a vivir son todos hombres blancos. De ese ejercicio se desvelan las relaciones de poder, donde unos diseñan y otras, simplemente, viven como pueden. Nosotras queremos diseñar el mundo en el que queremos vivir. Y en ese mundo las ideas milagrosas de Elon Musk no tienen cabida.

Qué cosas hacemos

Esta parece una tarea titánica. Más para un grupo pequeño que se reúne semanalmente. Pero se trata de ir asumiendo pequeñas tareas, paso a paso. Por ejemplo, organizamos una criptofiesta en la que nos reunimos una tarde para aprender a cifrar nuestros correos electrónicos, merendar y compartir. Esto significó para nosotras continuar con las tareas de formación iniciadas en la primera etapa del hackerspace. Y, por otro lado, encontrarnos en un desafío concentro para elaborar una propuesta de formación que incluyera metodologías feministas que beben de las teorías de la educación popular de Freire: queremos aprender a pensar, a criticar, y que ese conocimiento tenga potencia transformadora.

En estos meses nos estamos ocupando del montado de un pequeño servidor web en una Raspberri Pi y en la que alojamos un pequeño sitio web a partir de un generador de sitios estáticos. Esto nos permite no sólo contar con una web aolojada por nosotras mismas sino aprender en todo el proceso de instalación y administración del sistema, de securización, etc. Además, estamos haciendo una documentación sistemática y pormenorizada para que se pueda replicar la experiencia y lo estamos haciendo utilizando git, que vamos aprendiendo en el camino. Todo con dificultades, trabas, precariedad de equipos, y de manera muy extendida en el tiempo. Pero es un ejercicio de soberanía tecnológica, apoyándonos en el conocimmiento colectivo para construir infraestructura autónoma.

2 En este texto utilizamos los términos hacklab y hackerspace indistintamente aunque representen tradiciones diferentes. Para aprender más sobre esta distinción consultar Maxigas (2015). “Hacklabs y Hackerspaces: rastreando dos genealogías” en En defensa del softare libre, n. 3. Disponible en: https://endefensadelsl.org/hacklabs-y-hackerspaces.html

 

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