La conciencia feminista ha llevado a repensar el objeto literario y reformular su historia. Según la teoría feminista ha demostrado, existe todo un entramado de poder androcéntrico sobre el que se sustenta el sistema patriarcal, un sistema binario donde las categorías identitarias están sometidas a fuertes normas de producción y de actuación.

Son muchas las instituciones y los agentes que colaboran a la construcción y formulación del canon y, parece notorio, lo hacen respondiendo a intereses de muy distinto signo, aunque posiblemente todos coinciden en la defensa de un conjunto de valores que la tradición y la ideología patriarcal, al menos en esto que llamamos Occidente, han instituido en norma, en principio, en centro.

Ocupa Beauvoir retoma la crítica literaria feminista con un claro posicionamiento de visibilizar a las mujeres cis, trans e identidades no binaries dentro del conjunto de la cultura, porque este discurso crítico avanza en paralelo con el movimiento político y de transformación social que supone el feminismo.

Llevando por nombre Beauvoir, entendemos el género como estructura política de dominación y disciplinamiento de los cuerpos.

Damos visibilidad disputando el canon, ese dispositivo de poder que condiciona la legibilidad e ilegibilidad y que fija los límites del arte.

Como decía Virginia Woolf, las mujeres aparecen sobrerrepresentadas como personajes, musas o público lector pero apenas se habla de ellas como escritoras. Así, esta frase, se vincula con lo que dijera la escritora mexicana Elena Poniatowska desde el punto de vista de los estudios poscoloniales y la subalternidad: “La literatura de las mujeres es parte de la literatura de los oprimidos”.

Y agregamos: la literatura de las mujeres trans e identidades no binaries. Porque reflexionamos sobre el poder, la jerarquía y el dominio masculino en el ámbito cultural. Porque disputamos el falogocentrismo y porque nos conduce un enfoque de derechos: ocupar todos los espacios difundiendo la literatura es ocupar todos los espacios donde circulan los cuerpos y los modos de ser y sentir.

Manifestamos la necesidad de acción y urgencia enunciativa. Nacemos como la semilla de un movimiento artivista frente a la desigualdad de género en el campo literario. Desafiamos las lógicas de poder edípicas.  Derrumbamos las formaciones homosociales.

Ocupa Beauvoir recupera el feminismo y su sentido de movimiento de transformación social, su sentido político. Porque la política es una práctica que rompe con el orden de legitimización y porque consideramos que nuestros haceres son las únicas maneras de decir lo que de otro modo no puede ser dicho.

Planteamos una nueva noción de ciudadanía de manera sustantiva: ciudadanía cultural, ejerciendo derechos de producción creativa y simbólica.

Ocupamos: realizamos un espesor simbólico, interviniendo territorialmente y disputando los espacios de poder.

El arte está para hacer preguntas. Esta convicción y el hecho de poner énfasis en recorridos creativos de artistas del campo literario es también una acción feminista.

Liberamos a la literatura de sus encorsetamientos y colocaciones según las pautas del mercado y la crítica. Recuperamos las palabras de la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara: Darse cuenta (darnos cuenta fuerte) de que la literatura no es ‘femenina’, ni ‘feminista’, ni ‘queer’, aunque quien la escriba sea todo eso y lo milite y aunque se la pueda leer en esos o en otros términos. Es literatura y listo.

CONVOCAMOS A CREAR, VISIBILIZAR Y OCUPAR TERRITORIOS. LLAMAMOS A COCREAR Y PARTICIPAR.

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